miércoles, 27 de abril de 2011

El peso del agua


Un conferenciante hablaba sobre el manejo de la tensión. Levantó un vaso de agua y preguntó al auditorio:
- ¿Cuánto creen ustedes que pesa este vaso de agua?

Las respuestas del público variaron entre 20 y 500 gramos. Entonces el conferenciante comentó:

- No, eso depende. No es un asunto de peso sino de tiempo. En verdad poco importa el peso absoluto. Lo que importa considerar es el tiempo que voy a sostenerlo. Si lo sostengo por un minuto, no pasa nada. Si lo sostengo durante una hora me empezará a doler el brazo. Si lo sostengo durante un día completo, tendrán que llamar a una ambulancia.
Y es exactamente el mismo peso, pero mientras más tiempo paso sosteniéndolo,
más pesado se va volviendo.

Y concluyó:

- Si cargamos nuestros pesos todo el tiempo, más tarde o más temprano no seremos capaces de continuar, la carga se irá volviendo cada vez más y más pesada. Lo que tienes que hacer es dejar el vaso en algún lugar y descansar un poco antes de sostenerlo nuevamente. Tienes que dejar la carga periódicamente, eso es reconfortante y te permite continuar de nuevo...

domingo, 3 de abril de 2011

Caladas abstractas


Creo que me siento inspirada. No sé, me ha venido de repente el ansia de escribir y ni siquiera sé por qué, como ese latigazo de inspiración divina que te asalta de repente y el pequeño cuaderno de bocetos que siempre te acompaña te salva la vida. Tal vez mañana necesite releerlo para matizar los detalles, pero estas últimas caladas me han hecho querer teletransportarme. Y sí, esta fue la última calada, esa que nubla la vista y abstrae tu cerebro, que ya estaba abstraído cuatro o cinco caladas antes. Oigo el tic tac del reloj,
que además del humo que he dejado en el ambiente es lo único que me acompaña a estas horas inexactas y desequilibradas. Me encuentro fuera del mundo, dentro del silencio y de mi respiración, la cual siento como si fuese a ser la última. Luz tenue, escalofríos provocados por la inquietud, se suponía que debía relajarme... sinceramente no sé si he llegado a ese estado, al menos siento indiferencia hacia todo. Tengo la piel de gallina...